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La piel está expuesta al sol y a las inclemencias del tiempo todo el año, pero es en verano cuando más tiempo se está al aire libre, cuando la ropa es más ligera y cuando la piel se expone más a los rayos solares. A continuación, unos consejos básicos para cuidar la piel este verano.

 

Beneficios del sol:

  • Activa la vitamina D, necesaria para la absorción del calcio en los huesos.
  • Aumenta los niveles de glóbulos blancos, por lo que se mejora nuestro sistema inmunitario.
  • Mejora el aspecto de la piel y disminuye el acné.
  • Favorece el metabolismo y eliminación del colesterol en sangre. Por eso hacer ejercicio al aire libre es doblemente saludable.
  • Regula la producción de melatonina, lo que ayuda a regular los ciclos de sueño y vigilia y a dormir mejor.
  • Mejora la contracción del corazón y la circulación sanguínea.
  • Reduce la presión arterial.
  • Mejora el estado de ánimo gracias a la liberación de serotonina que promueve la sensación de bienestar.

 

Efectos muy negativos del sol:

  • Produce deshidratación en la piel y arrugas prematuras.
  • Puede dar lugar a enrojecimiento y quemaduras.
  • Aumenta la probabilidad de desarrollar cataratas, por incidencia directa de los rayos ultravioleta en la retina.
  • Eleva el riesgo de desarrollar tumores en la piel. Las quemadura solares se curan, pero la piel tiene memoria y algunas células dañadas con el tiempo pueden desarrollar neoplasias que terminen siendo malignas y den lugar a un cáncer. Por ello la vigilancia de los lunares y pecas de tu cuerpo es muy importante, no solo en verano sino durante todo el año.
  • Una exposición exagerada al sol, puede provocar que tu organismo reaccione ante los rayos ultravioleta de manera exorbitada y desarrolle una alergia al sol cuyos síntomas serían: dermatitis, picores, manchas y erupciones.

 

Diez consejos para protegerse ante el sol:

  1. Exponte a los rayos solares de forma moderada.
  2. No tomes el sol en las horas centrales del día. Los rayos caen más perpendiculares y son más lesivos.
  3. Nunca, jamás, tomes el sol sin ponerte protector solar. Al menos con un factor 25 o 30, y aún mayor en caso de niños o ancianos y en las zonas más sensibles, como cara y cuello.
  4. Repite la aplicación del protector cada dos horas máximo. Si te bañas o haces ejercicio repite la aplicación al terminar. El agua y el sudor desactivan los filtros.
  5. No existe la pantalla total. Siempre hay un 10% al menos de los rayos ultravioletas que llegarán a tu piel.
  6. Protege los ojos con buenas gafas de sol. Si son muy oscuras o de mala calidad, tu pupila se abrirá más dar paso a más luz, lo que aumentará el riesgo de daños en la retina.
  7. No te olvides de las orejas y protege tu cabeza con gorras o sombreros.
  8. Evita que los niños menores de un año se expongan al sol y a las altas temperaturas. Su piel es más fina y su sistema de refrigeración y sudor es inmaduro.
  9. Bebe abundantes líquidos y si comes al aire libre aprovecha para ingerir alimentos frescos y acuosos, con un plus de antioxidantes, vitaminas y minerales.
  10. Tras la exposición al sol, hidrata bien toda la piel con cremas hidratantes y frescas. Ante cualquier quemadura, o signo de lesión dérmica consulta a tu médico.

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