DE PROFESIÓN ESCULTOR. HABLAMOS CON ARTURO BERNED

La arquitectura y la escultura arrastran una vinculación secular, una historia de influencia mutua que a veces trasvasa a sus creadores del arte a la técnica. Hasta el punto de mezclarse en lo que se ha dado en denominar arquiescultura, que no es otra cosa que obras arquitectónicas que por su estructura pueden entrar en la categoría de arte, de enormes esculturas urbanas.

No es raro que el arquitecto se sienta atraído por la escultura, ya lo hizo Le Corbusier, y cuentan, al margen de la sensibilidad artística y el sentido de lo estético, con el conocimiento necesario en, por ejemplo, el manejo de materiales o el cálculo de volúmenes, que lo hace perfectamente capaz de desarrollar su carrera en este campo.

Entre los más destacados escultores españoles contemporáneos destaca un arquitecto de formación (y profesión), Arturo Berned, cuyas obras geométricas dejan entrever sus conocimientos técnicos y matemáticos.

Durante muchos años usted desarrolla una carrera como arquitecto, dentro de un estudio, para finalmente continuar su trayectoria como escultor, ¿es una transformación paulatina o un cambio radical?

Creo que mis dos vidas, la de Director de Proyectos del estudio Lamela y la de escultor, han ido paralelas. Pero si tengo que hacer el siempre complicado ejercicio de escoger, diría que he sido, y soy, artista por encima de cualquier otra apreciación. Llevo dentro la escultura, práctica que comencé con 19 años y que me acompaña para siempre. La escultura para mí nunca ha sido algo sobrevenido.

¿Por qué escultor?

Uno es artista, en mi caso escultor, porque no puede ser otra cosa. Un artista es alguien que solo concibe la vida siendo eso, artista. Es evidente que mi formación en arquitectura tiene mucho de mi contacto con la geometría, los trazados reguladores, la matemática, la física, los modos de representación, la producción, el concepto. Se ve en mi trabajo: la dualidad entre hueco y espacio. Entre vacío y tiempo. Son elementos que vertebran, como una bisectriz, mi obra.

Las forma geométricas que componen sus obras recuerdan su formación en arquitectura, ¿qué queda de su yo arquitecto en el escultor que es?

¿Qué construye a una persona? Sus vivencias, sus relaciones y, desde luego, su formación. La arquitectura sigue presente en mí porque nadie puede renunciar a sus vivencias. Te acompañan por siempre. La arquitectura te ayuda a interpretar la naturaleza de una determinada manera. Y de esa interpretación, y de la relación con las personas, surge la escultura. Me gusta el arte porque me gustan las personas.

Otros, como Le Corbusier, dedicaron también parte de su trayectoria a la escultura, ¿es una evolución natural? ¿Por qué?

La arquitectura, al igual que la escultura, es una actividad del alma. No tanto en un sentido religioso sino existencial. La buena arquitectura plantea preguntas trascendentes, la escultura también. Los grandes creadores, como Le Corbusier, son aquellos capaces de enfrentar su tiempo, comprenderlo, asumirlo e ir más allá; adelantándose a las manecillas del reloj. Como le decía antes, no hay un salto de una disciplina a la otra. Van a la vez paralelas y a la vez perpendiculares. Esta es la magia del arte, que plantea la posibilidad de hacer factible lo aparentemente imposible.

Dedicarse plenamente a la escultura, ¿conlleva aprender o desaprender conceptos que tenía interiorizados en su etapa anterior?

No hay etapa anterior. La vida es una corriente que fluye. Siempre en perpetuo movimiento. Todo lo aprendido, y lo olvidado, en las etapas de una vida sirve. No es algo que le suceda solo a los artistas. Todas las experiencias del ser humano cuentan, aunque no todas sumen.

¿Qué le recomendaría a un arquitecto joven que quiera seguir sus pasos como escultor?

Ser artista es algo que uno lleva dentro y a lo que no puede renunciar. Pero debe dedicarle esfuerzo, trabajo y perseverancia. Nada es sencillo hoy en día, pero todos tenemos que buscar nuestro lugar en el mundo, y en el arte, no lo dude, se contemplan algunas de las mejores puestas de sol de la vida.