ARQUITECTURA BAJO TIERRA

Cuando uno habla de arquitectura inevitablemente piensa en rascacielos, edificios grandes como secuoyas que se alzan sobre las aceras. Sin embargo, existe otro tipo de arquitectura, más discreta, debajo del suelo. Se trata de la arquitectura subterránea.

También llamada arquitectura enterrada o excavada, la arquitectura subterránea se caracteriza por la adaptación de los espacios naturales para ser habitados, aprovechando la inercia térmica del suelo para obtener confort, por lo que es el paradigma de la adaptación al medio y la utilización de recursos naturales propios de cada área, integrándose perfectamente en el paisaje.

Existen ejemplos muy antiguos de este tipo de construcciones, que han servido como vivienda desde tiempos inmemoriales, en Marruecos, Argelia, Túnez, Egipto, Libia, Afganistán, Palestina, Siria, China, Tíbet, México, California, Turquía, Sicilia, Francia, Cerdeña o España. Zonas áridas, con unas condiciones climáticas y sociales concretas.

En el caso concreto de España, aunque se reparten por todo el territorio, es en Andalucía donde adquieren mayor relevancia, principalmente en la zona de Granada y Almería en la época de los últimos musulmanes, tras la reconquista cristiana, cuando son expulsados de las ciudades y se ven obligados a hacer vida extramuros.

Hay más ejemplos, en Turquía, a mediados del siglo pasado se descubrió una ciudad subterránea entera, excavada por los hititas en torno al año 1400 a.C., con 85 metros de profundidad y una capacidad para dar refugio a 10.000 personas.

Pero a diferencia de las casas cuevas antiguas, que tenían como fin principal esconderse del enemigo y a las que se asocia la clandestinidad y marginalidad, en la actualidad este tipo de construcción es apreciada por tratarse de una arquitectura respetuosa e integrada en el medio ambiente sin dejar de ser moderna.

La tipología de ‘enterramiento’ varía de unas construcciones a otras. Así, encontramos casas totalmente excavadas aprovechando el terreno y otras que han sido enterradas artificialmente. Sea como fuere, lo que pretenden todas ellas es aprovechar las ventajas que el entorno les ofrece. La principal de ellas es la inercia térmica, que consigue que la temperatura dentro sea constante todo el año sin necesidad de grandes cantidades de energía. Pero el arquitecto que se enfrenta a una construcción de este tipo debe solucionar una serie de problemas: el exceso de humedad, la falta de iluminación y de ventilación. El diseño en este caso se vuelve fundamental, la utilización de chimeneas de ventilación y de luz, el uso del cristal y la apertura de claraboyas en la cubierta deben ser estudiados con cuidado.

Al margen de las viviendas, son varias las urbes que han decidido soterrar parte de sus infraestructuras para facilitar la vida a la población, normalmente por una cuestión de clima. Así, en ciudades como Montreal o Helsinki han decidido tirar hacia abajo y crear toda una red de túneles, oficinas, tiendas, centros comerciales y deportivos, donde poder vivir sin riesgo de congelación. De hecho, la capital finlandesa cuenta con una compleja red de agua y calefacción subterránea que permite soportar las gélidas temperaturas.

Pero el hundir bajo tierra las construcciones se está comenzando a ver también como solución a la falta de espacio en las grandes ciudades. Un par de ejemplos: la ya mencionada Helsinki, al margen del clima, se encuentra con una falta de territorio donde seguir expandiéndose, lo que les ha llevado a programar la construcción de más de 200 edificios subterráneos dentro de su plan urbanístico. Y en México DF, el magnate Carlos Slim ha construido un centro comercial bajo tierra de 65.000 metros cuadrados, en seis niveles, y proyecta un ‘rascasuelos’ de 775.000 metros cuadrados y 65 niveles preparados para negocios, viviendas y oficinas.

Más allá de claustrofobias, este tipo de arquitectura puede suponer una solución a la hora de hacer infraestructuras más sostenibles y que ahorren energía, lo que supone una ventaja, no solo para construir en armonía con el entorno, sino para hacerlo en zonas de climas extremos o con problemas de espacio.