Comida que engancha

¿Cuántas veces hemos oído eso de “me sienta fatal, pero está tan rico…”? ¿Qué tienen ciertos alimentos que no podemos dejar de comerlos? Hamburguesas, chocolatinas, patatas fritas… hay comidas que nunca nos cansamos de consumir. ¿Por qué? El motivo parece estar en que, aunque en menor medida, tienen las mismas características que sustancias adictivas como las drogas o el alcohol.

Pero, ¿por qué unos alimentos sí y otros no? La respuesta está en el sistema de aprendizaje del organismo, las comidas con mayor cantidad de azúcar y grasa producen un mayor placer al ser una fuente calórica mayor de la que disponer en caso de escasez en el futuro. Este sistema de aprendizaje y recompensa (el mismo sobre el que actúan las drogas, aunque estas de manera más aguda) se activa en mayor medida con alimentos procesados, como la bollería, que cuentan con una gran cantidad de azúcar y de grasa, dando al organismo la carga calórica que necesita de una sola vez, mezcla que rara vez se da en la naturaleza.

Varios estudios han demostrado además que, de la misma manera que las sustancias químicas adictivas, cuanto más se consumen alimentos de este tipo más tardan en satisfacer al organismo, por lo que se necesita una cantidad mayor, perdiendo así el control sobre la propia alimentación.

Con todo, los expertos advierten de que no se puede hablar de adicción en los mismos términos que las drogas, ya que, aunque hay similitudes, hay también muchas diferencias. La diferencia más importante con respecto a las drogas es que la comida es necesaria para la supervivencia, por lo que no puede ser equiparable al efecto que causan otras sustancias en el organismo.