VÍCTOR LÓPEZ COTELO

“La buena arquitectura lo es aunque no guste.”

  • Ha ganado el Premio de Arquitectura Española 2015 por la rehabilitación del hospital militar para la Escuela de Arquitectura de Granada, ¿debemos dotar de eficiencia a lo que ya tenemos antes de construir nuevos proyectos?

    La construcción de nuevos edificios es necesaria e inevitable, pero parece lógico intentar aprovechar al máximo lo ya construido. Es un principio básico de la sostenibilidad, que no solo consiste en reducir el consumo energético en las edificaciones tanto nuevas como existentes.

  • ¿Toda la arquitectura es digna de ser rehabilitada o hay edificaciones que deben dejarse morir?

    En principio tenemos que distinguir entre arquitectura y edificación. No todo lo construido es arquitectura, como no todo lo escrito es literatura. Al margen de eso, los puntos a tener en cuenta para tomar en consideración una intervención de rehabilitación de un edificio son muy variados y complejos, dado que también hay muy distintos grados de intervención. En cualquier caso, lo importante es que toda intervención debe aportar mejoras y eso no siempre se cumple. En algunos casos las consecuencias pueden ser funestas, pues las pérdidas son irrecuperables y las ganancias dudosas, si es que pueden llegar a considerarse como tal.
    Por otra parte, la pérdida de funcionalidad de los edificios es una de las causas de su abandono y con ello de su degradación y de su ruina. Pero también es cierto que hay ruinas cuyo valor fundamental es serlo.

  • ¿Existen la buena y mala arquitectura? ¿Cómo las distinguimos?

    Realmente, podríamos decir que la arquitectura solo puede ser buena, pues si no lo fuera tampoco sería arquitectura. Hay una forma de valorar la calidad de la arquitectura vinculándola al gusto, de las personas o de las épocas, a las convenciones o a las modas. Yo creo que la buena arquitectura lo es aunque no guste y, de hecho, no tiene que ver con el gusto sino con el bienestar, con el estímulo de las emociones esenciales del ser humano. La arquitectura se alcanza como expresión del arte de la construcción puesto al servicio del ser humano y, por tanto, es un ejercicio de la inteligencia racional y emocional, es un acto de voluntad como expresión de la búsqueda de la verdad. La arquitectura no se alcanza de forma gratuita y por casualidad. No es la suma de decisiones arbitrarias para que guste. Es el resultado de un acto de superación.

    La línea divisoria se sitúa en el lugar que separa la sensación de estímulo, de sobrecogimiento, de disfrute, de paz, de sosiego, de bienestar, de aquello que nos produce malestar, padecimiento, sufrimiento, tristeza, abatimiento, angustia, depresión o enfado por sentirnos maltratados como seres humanos. Cuando el ser humano no es el objeto último de esa creación y queda sustituido por otros intereses. Lo más impresionante es la capacidad de sufrimiento inconsciente del ser humano que le permite en su vida cotidiana vivir lastrado por esa tristeza.

  • ¿Se pueden hacer buenos proyectos con pequeños presupuestos?

    Como puede deducirse de la pregunta anterior la calidad de un proyecto no tiene que ver con el presupuesto. Es más, cuando el presupuesto no tiene límite se suelen hacer las mayores estupideces. La consideración y el respeto al ser humano no comienzan a partir de un determinado presupuesto, sino que es una actitud. ¿Puede un presupuesto mísero permitir hacer arquitectura? ¡No! Porque la miseria aparece como consecuencia de la desconsideración de la dignidad humana.

  • Como arquitecto y profesor, ¿hacia dónde avanza la arquitectura?

    La arquitectura es una consecuencia de la vida. La arquitectura nace de la vida y es para la vida. ¿Hacia dónde va la vida? En estos tiempos es difícil ser optimista, al menos a corto plazo. Eso no quiere decir que la humanidad no tenga recursos para reencauzar su destino. Pero no va a ser mañana. Lo que sí es cierto es que deberá superar las grandísimas transformaciones inevitables para instalarse en la nueva civilización en la que estamos entrando.
    Hoy por hoy, la simplificación y el esquematismo han tomado el mando en plaza. La visión global, sintética, ha sido sustituida por el pensamiento aditivo y acumulativo. Lo sencillo se ha convertido en simple y lo complejo ha sido sustituido por lo complicado. Los sistemas paramétricos no consiguen, parafraseando a Juan Gelman, que “la arquitectura sea un árbol sin hojas que da sombra”.

  • Si volviese a ser estudiante de arquitectura, ¿qué consejo le gustaría recibir?

    Pues quizás lo que he venido diciendo a los estudiantes de la Escuela de Arquitectura de Munich: que es más importante pensar y sentir que saber, pero que no paren de aprender todo lo que puedan cada día.