Entrevista a Amelia Perea, Álex Etxeberría y Eduardo Landia

“Una vez que se empieza a ver el mundo desde los ojos de la arquitectura es imposible dar marcha atrás”

  • ¿Cómo os conocisteis y qué es lo que os unió para emprender este proyecto?

    Eduardo y yo (Álex) nos conocimos en la carrera de Arquitectura en la Universidad de San Sebastián, pero fue al trasladarnos a la Universidad Politécnica de Barcelona donde convivimos y empezamos a compartir nuestro interés por la arquitectura. Más tarde, Amelia y yo (Álex) coincidimos en el estudio de Cruz y Ortiz, en Ámsterdam, mientras realizábamos prácticas. Diría que lo que propició que los tres nos metiéramos en el mundo de los concursos fue nuestra pasión por los comienzos a la hora de enfrentarnos a un proyecto de arquitectura y, quizá, el inconformismo que compartimos, dado que tanto Eduardo, en su estudio en Durango, como nosotros en el extranjero ya teníamos las agendas bastante apretadas con nuestros respectivos trabajos.

  • Vuestra carrera profesional está a caballo entre distintos países… ¿Trabajar y seguir formándose en el extranjero es una ventaja?

    Con el panorama arquitectónico actual en España creemos que sí, al menos en nuestros casos. Al existir mercados en los que la crisis no se ha notado tanto, hemos tenido la oportunidad de participar en muchos proyectos de ejecución y concursos, ya que fuera se siguen haciendo de manera regular. Por eso, muchos estudios españoles intentan incluirse en el mercado suizo o alemán, por ejemplo. Gracias a la experiencia de vivir en el extranjero, hemos conocido otras culturas, aprendido nuevos idiomas y, por supuesto, conocido distintas maneras de ver o hacer arquitectura.

  • ¿Cuáles creéis que son las debilidades y fortalezas de la educación del arquitecto en España? ¿Qué cambiaríais?

    Comparándonos a nivel europeo, que es el que más hemos conocido, nos damos cuenta que nuestra formación técnica es mucho mayor que la que tienen en sus escuelas, además ellos también lo notan. Eso nos da muchas ventajas, nos permite involucrarnos más en el proyecto con mayores responsabilidades. Para nosotros, lo lógico es empezar un proyecto abordándolo desde un punto de vista también constructivo y estructural, tiene que ir todo de la mano. Ellos, en cambio, a veces lo relegan a un segundo plano. Debilidad, en comparativa, no hemos notado ninguna. Aunque nos habría gustado hacer más visitas a obra y tener más conocimientos acerca de cómo se aborda un proyecto de principio a fin, en términos de organización y papeleo.

    Respecto a Sudamérica, donde tanto Eduardo como yo (Álex) hemos tenido experiencias docentes y laborales, destacaríamos que gran parte de la componente estructural y constructiva de los proyectos se delega en ingenierías especializadas. No obstante, si encontramos una debilidad europea respecto a ese continente, el abandono progresivo de herramientas clásicas de proyecto como el dibujo a mano y la maqueta, que en Sudamérica siguen muy vigentes.

  • ¿En qué os inspirasteis cuando creasteis el proyecto para la remodelación del Colegio Territorial de Arquitectos de Valencia (CTAV)?

    Lo que más nos interesaba era abrir el colegio a la ciudad. A nivel teórico nuestra intención era acercar y promover la arquitectura a la sociedad estableciendo un nuevo diálogo, más cercano, tanto para darnos a conocer como para responder a lo que la sociedad actual pide a la figura del arquitecto. La estrategia principal fue abrir el patio interior de manzana del Colegio a la calle mediante un pasaje público y accesible creando una nueva entrada más amplia y ofreciendo nuevos espacios de relación y puntos de actividad cultural. El patio del Colegio podrá ser un lugar donde realizar cursos, talleres, exposiciones y conferencias o un espacio en el que estar alejados del bullicio del centro. Una nueva intervención que no quiere competir con el edificio existente, unificando toda ella con una piel que contiene el programa y delimita el espacio público.

  • ¿Cuáles pensáis que son las claves para presentarse a un concurso y tener éxito?

    Podríamos destacar varios aspectos. En primer lugar, nos resulta fundamental el periodo de reflexión y discusión previo a la elaboración de cualquier propuesta. La finalidad es definir conceptos nítidos que se convertirán en el hilo conductor de todo el proceso. Una vez definidas estas bases, intentamos ser muy consecuentes durante toda la fase productiva para que el resultado final no pierda la frescura y la contundencia de esos conceptos iniciales.

    Del mismo modo, y en la era de la imagen en la que nos encontramos, el aspecto gráfico es decisivo. Al igual que pasa con los conceptos arquitectónicos, definir una gráfica acorde a la propuesta y ser consecuente con ella puede ser otra de las claves del éxito. En este campo, resulta importante el manejo de herramientas informáticas. Sin olvidar, la perseverancia, uno de los valores más importantes.

  • ¿Es muy diferente la idea que tenéis ahora de la arquitectura de la que teníais antes de comenzar vuestros estudios?

    En nuestro caso la evolución ha sido notable. Desde la desorientación de unos jóvenes post adolescente que no saben muy bien por dónde tirar y aterrizan en la carrera de arquitectura, hasta que inconscientemente, la arquitectura empieza a colonizar diferentes aspectos de nuestro día a día y se convierte en uno de los ejes centrales de nuestra vida. Una vez que se empieza a ver el mundo desde los ojos de la arquitectura es imposible dar marcha atrás.

  • ¿Qué le diríais a los jóvenes arquitectos que acaban de comenzar?

    En nuestra opinión, la formación de un arquitecto se nutre de muchos de los aspectos cotidianos de la vida: disciplinas artísticas, economía, política, sociología, antropología… tener la mente abierta, tratar de absorber todo lo posible, viajar, aprovechar, ser curioso y disfrutar al máximo los años en la Universidad… Trabajar duro los primeros años puede abrirte muchas puertas después.