Halloween: 5 películas en las que el edificio es el ‘prota’

Se acerca Halloween, una celebración de origen anglosajón que, desde hace algunos años, se ha hecho muy popular en España, sobre todo en su vertiente más festiva. De momento, entre nosotros ha calado disfrazarse la noche del 31 de octubre, pero no esa costumbre vista tantas veces en muchas películas norteamericanas de miedo. Te ponemos en situación. Un grupo de niños recorre las casas de su vecindario pidiendo golosinas con la frase ‘truco o trato’, pero siempre hay una casa oscura, lúgubre y alejada a la que es mejor no acercarse. ¿A qué te suena?

Lo cierto es que no hay ni una buena película de terror en la que la arquitectura no juegue un papel fundamental. Muchas veces los edificios, casi siempre impactantes por fuera y necesariamente inquietantes por dentro, se convierten en los verdaderos protagonistas de la cinta en cuestión.

Seguro que se te vienen a la cabeza varios ejemplos icónicos como el hotel Overlook de El Resplandor, el motel Bates de Psicosis o el castillo de Drácula. Sin embargo, sin salir de nuestro país también tenemos muy buenas muestras de directores de cine que han sabido usar magistralmente la capacidad dramática y terrorífica de una infraestructura.

En hna hemos hecho nuestra particular selección de cinco films que no serían lo mismo sin la poderosa presencia de la arquitectura. Si no has visto alguna de ellas y eres aficionado a este género, ya sabes que la noche de Halloween es una cita perfecta para preparar un buen bol de palomitas y disfrutar solo o en compañía de un maratón de películas de cine de terror. ¿Te atreves?

El día de la bestia (Alex de la Iglesia, 1995). Este es un ejemplo muy bueno de cómo el cine puede poner en valor un edificio hasta hacerlo mucho más importante de lo que era en principio. Sin duda, el Edificio Carrión, de estilo expresionista, era ya un icono en Madrid antes de que se rodase esta película, pero para toda una generación es casi imposible observarlo sin acordarse de Santiago Segura gritando eso de ‘Mire como vuelo, padre’ colgado del luminoso de Schweppes. La utilización de la arquitectura como elemento dramático (y también con un punto bastante marcado de humor ácido) se cierra en las Torres Kio, lugar elegido por el anticristo para regresar a la Tierra.

La Comunidad (Alex de la Iglesia, 2000). Una maleta con 300 millones de las antiguas pesetas encontrada por casualidad por una trabajadora de una inmobiliaria en el piso de un vecino fallecido y toda una comunidad de vecinos dispuestos a cualquier cosa con tal de hacerse con ella. Este es, a grandes rasgos, el argumento de una película coral en la que los exteriores de un edificio se hicieron muy famosos. Como si de una metáfora se tratase, la imponente y lujosa fachada del inmueble, ubicado en una céntrica calle de Madrid, refleja el propio carácter de sus inquilinos: dignos por fuera y míseros en su interior. El edificio contribuye en cada plano a reforzar la sensación de que existe un gran secreto entre sus paredes. La película es mítica también por la escena donde las dos protagonistas, Carmen Maura y Terele Pávez, se pelean a vida o muerte en una de las estatuas de la cuadriga de caballos que tiene en sus torreones la sede del Banco de Bilbao en Madrid.

Los Otros (Alejandro Amenábar, 2001). El Palacio de los Hornillos, antigua residencia de verano de Alfonso XIII, en el Valle de Iguña (Cantabria), fue el lugar elegido para rodar uno de los mayores éxitos de Amenábar. De estilo inglés y construido a finales del siglo XIX, es sin duda, uno de los protagonistas de la película, siempre vigilante, y a la vez, refugio y amenaza para todos sus moradores. Tras la cinta, esta mansión adquirió fama mundial, aunque no tanta como para abrirse al público. Lamentablemente, solo se puede ver por fuera.

REC (Jaume Balagueró y Paco Plaza, 2007). Aunque dentro del argumento de la película no tiene peso, es curioso que el edificio de viviendas usado en el rodaje de REC se encuentre en una de las calles más lujosas de Barcelona, la Rambla de Catalunya. Si hasta ahora hemos hablado de la fuerza de los exteriores, en esta cinta es el interior del edificio el que fomenta el terror. El hecho de que los directores optasen por un formato que simula la grabación de un reportaje periodístico hace que, como espectadores, sintamos que estamos dentro del inmueble, corriendo por las escaleras, tratando de huir por el ascensor, angustiados sin saber qué nuevo horror se oculta detrás de cada puerta.

El Orfanato (Juan Antonio Bayona, 2007). La película más taquillera de 2007 en España, junto a REC, tira de uno de los recursos clásicos del cine de terror, los caserones abandonados con una oscura historia enterrada. En este caso, la localización llevó a Bayona hasta e Llanes, en Asturias. El chalet Villa Parres –conocido también como el palacio de Partarríu entre los lugareños y construido en 1898- se convirtió por obra y gracia del cine en un orfanato abandonado al que llega una familia dispuesta a rehabilitarlo, pero en el que empiezan a ocurrir fenómenos extraños. Estancias antiguas con telarañas, habitaciones con camas sin dueños y muchas llaves que no sabemos qué secretos abren hacen el resto. Por cierto, y como curiosidad, Llanes tiene desde hace unos años una ruta arquitectónica que incluye visitas a los escenarios de películas nacionales tan famosas como El Abuelo, Historia de un beso o You are the one.