Centro de Atención Diurna para Personas con ELA en el Hospital Zendal. Madrid.
Arquitectos: Virai Arquitectura
Fotografías: Octavuss Foto
El Centro de Atención Diurna para Personas con ELA parte de una contradicción radical: tomar una nave industrial concebida para emergencias sanitarias —un volumen duro, neutro y desproporcionado— y convertirla en el lugar más cercano al hogar que un paciente con ELA puede encontrar fuera de él. No se trata solo de acondicionar un espacio. Se trata de desmedicalizar la experiencia del cuidado, de devolver dignidad y calidez a un proceso que la enfermedad tiende a despojar de ambas. La ELA exige entornos accesibles, sensorialmente amables y socialmente activos: espacios que no recuerden constantemente a quien los habita que está enfermo, sino que le permitan, en la medida de lo posible, seguir siendo él mismo.
El punto de partida del proyecto fue el co-diseño con los propios usuarios. En los talleres previos, una persona describió el espacio que soñaba con una frase que lo resume todo: quería que se pareciese al lugar al que iría con sus amigos a tomarse una caña. No pedía lujo ni tecnología. Pedía normalidad. Ese deseo —sencillo y profundo a la vez— se convirtió en la brújula del proyecto: un espacio que no remita a la clínica sino a la vida cotidiana, que no imponga la enfermedad como único marco de referencia sino que la acoja sin hacerla protagonista absoluta.
La estrategia no busca disimular la escala del edificio, sino domesticarla desde dentro. Un falso techo de lamas acústicas baja la altura percibida, ordena la iluminación y absorbe el ruido, transformando la vastedad industrial en algo más cercano a la escala humana. Sin este gesto, la nave impondría su lógica de emergencia sobre cualquier intento de calidez. Con él, el espacio empieza a respirar de otra manera. Las consultas y salas de terapia se insertan dentro de la nave como volúmenes ligeros —cajas habitables— que evitan la rigidez del pasillo hospitalario y liberan entre ellas una plaza central: el corazón social del centro, donde los flujos son libres y el encuentro no se planifica ni se fuerza. Un espacio que favorece la compañía, la participación y la comunidad, dimensiones especialmente críticas para pacientes que con frecuencia viven procesos de aislamiento progresivo.
Dentro de este volumen cerrado, la naturaleza se introduce como dispositivo espacial activo y no como decoración. Los patios verdes interiores fragmentan el programa, aportan luz natural al corazón de la nave y crean referencias cruzadas que orientan sin señalizar, que sitúan sin imponer. Ver vegetación desde una sala de terapia, percibir el cambio de luz a lo largo del día, tener una referencia de exterioridad dentro de un edificio cerrado: estas son experiencias que la neuroarquitectura reconoce como fundamentales para el bienestar psicológico, y que aquí se integran en la propia estructura organizativa del proyecto. La madera, los colores naturales y las texturas táctiles completan una materialidad que el ojo y la mano reconocen como amable: alejada de la frialdad clínica habitual, próxima a la experiencia de un espacio doméstico y social.
El proyecto responde a cuatro condiciones simultáneas que en un centro de este tipo resultan inseparables. La primera es el bienestar sensorial: luz natural controlada, iluminación artificial gradual, texturas amables y presencia constante de vegetación forman un ambiente que regula el ciclo circadiano, reduce el estrés y dignifica la experiencia del cuidado. La segunda es la accesibilidad universal, entendida no como cumplimiento normativo sino como principio de diseño: la eliminación de cualquier barrera permite un movimiento fluido para personas con movilidad severamente reducida y dispositivos de asistencia de gran escala, sin que la accesibilidad condicione negativamente la calidad espacial del conjunto. La tercera es la tensión permanente entre socialización e intimidad: el diseño evita el aislamiento mediante espacios abiertos, pero también ofrece rincones protegidos que permiten a cada persona regular su grado de exposición según su estado emocional y físico en cada momento. La cuarta es el apoyo a las familias y cuidadores, que también encuentran aquí espacios pensados expresamente para ellos —áreas de descanso, zonas de acompañamiento, lugares donde poder estar sin tener que hacer nada— porque el cuidado de quien cuida es parte indisociable de la atención integral.
El programa completo incluye un área de acceso y recepción, seis consultas médicas y terapéuticas, fisioterapia y terapia ocupacional, hospital de día, enfermería y preparación de medicación, espacios comunes —comedor, zona de estar, área para familias—, servicios logísticos y patios ajardinados que ordenan el conjunto y rompen la clausura del edificio. Todo ello resuelto en 1.500 m² concebidos, proyectados y ejecutados en menos de nueve meses: desde el inicio del proyecto en septiembre de 2023 hasta la inauguración en junio de 2024, con una obra de tan solo cinco meses a cargo de la constructora Serveo.