La propuesta de once viviendas de protección pública en Fornells, Menorca, se plantea como una respuesta arquitectónica a los retos contemporáneos del habitar colectivo, incorporando criterios de adaptabilidad climática, espacial y social. El conjunto se organiza en dos edificios, uno de siete y otro de cuatro viviendas, dispuestos de forma que uno de ellos se gira 90 grados respecto al otro, favoreciendo la ventilación natural y la captación solar óptima de todas las unidades residenciales.
Entre ambos volúmenes se genera un pasaje que conduce a un patio interior de manzana, concebido como espacio común de relación y encuentro vecinal. En este ámbito se sitúan los accesos a todas las viviendas y un aparcamiento integrado mediante vegetación y pavimentos drenantes, reforzando el carácter permeable, saludable y comunitario del conjunto, así como su capacidad de adaptación a distintos usos y dinámicas sociales.
Las viviendas se desarrollan en planta baja y planta piso, con cinco y seis unidades respectivamente, y se organizan mediante una estructura clara de tres crujías. La crujía más estrecha alberga los espacios de servicio y circulación, actuando como elemento estructural de contrafuerte en las plantas bajas abovedadas. La crujía central, de mayor anchura, acoge las estancias diurnas y se configura como un espacio continuo y flexible, capaz de adaptarse a diferentes formas de uso a lo largo del tiempo. La tercera crujía contiene la zona de noche, garantizando privacidad sin renunciar a la continuidad visual y espacial entre los distintos ámbitos de la vivienda.
Todas las unidades disponen de dos fachadas opuestas, lo que permite una ventilación cruzada eficaz y una iluminación natural constante. Las amplias aberturas en los muros portantes favorecen la relación visual entre crujías, aportando versatilidad en la organización interior y facilitando futuras adaptaciones funcionales.
El sistema constructivo se basa en muros portantes de piedra marés aislados por el exterior, protegidos por una hoja de acabado del mismo material, otorgando al conjunto una imagen pétrea y duradera. La construcción se estratifica claramente entre un basamento mineral en contacto con el terreno y un nivel superior más ligero, con cubiertas inclinadas de teja árabe y estructura de madera. Esta configuración refuerza la inercia térmica, reduce los puentes térmicos y mejora el comportamiento energético del edificio.
El proyecto apuesta por el uso de materiales locales y estrategias pasivas como protecciones solares móviles, ventilación natural y aprovechamiento de la radiación solar estacional. Se generan así espacios habitables transpirables, saludables y de muy bajo consumo energético, integrados en el contexto cultural y climático de Menorca, y capaces de adaptarse a los cambios futuros en las formas de habitar y convivir, activando los recursos del lugar y los oficios constructivos que, desde la proximidad y el saber hacer compartido, permiten una arquitectura para perdurar.