IÑAKI ÁBALOS

“Hay que plantear qué enseñamos en las Escuelas, cómo aprendemos a ser arquitectos”

Iñaki Ábalos (San Sebastián, 1956), Director del Departamento de Arquitectura de Harvard Graduate School of Design, cargo que ocuparon antes que él profesionales de la talla de Rafael Moneo y José Luis Sert, entre otros, ha desarrollado una amplia carrera profesional, docente e investigadora que le ha llevado a ser uno de los arquitectos españoles más reconocidos a nivel internacional. Analizamos todas sus facetas y su visión del sector tras la conferencia ‘Termodinámica, Arquitectura y belleza’ que ofreció, de la mano de hna, en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Valladolid.

  • Como docente ¿qué le falta a la educación que recibe un arquitecto?

    Depende. Hay muchas formas de enseñar arquitectura y hay muchas formas de ejercer la arquitectura. Yo creo que para enfrentarse a los problemas que tenemos en estos momentos en relación con la construcción, aquellas Escuelas que son capaces de dar un conocimiento técnico profundo y un sentido cultural y artístico de la profesión son aquellas que están formando a profesionales más capaces de entender y actuar críticamente en la ciudad. Esta dualidad es la clave.


  • Vivimos una fuga de cerebros al extranjero y los arquitectos son uno de los sectores más afectados. A pesar de la situación negativa que impulsa esta salida del país ¿cree que puede ser positivo para el sector en el medio-largo plazo?

    Puede hacer conscientes a nuestros políticos del profundo error que cometen al menospreciar a los profesionales de la arquitectura española. Es una vergüenza hablar del sector en este país, cuando podría ser un orgullo si se hubieran regulado los concursos, con honestidad, limpieza y eficacia, como hacen países próximos, como Francia.
    Las fronteras no son lo que eran, pero es una inversión pública que no tiene retorno. La Administración española no sabe vender lo que tiene. Fijémonos en los ingleses, que han sido capaces de venderse por todo el mundo, de vendernos el producto a España cuando teníamos mucho mejores arquitectos que ellos y haberse llevado, sin ningún tipo de intercambio, los mejores proyectos y de mayor peso económico. Y no solo eso, sino que han traído también la tecnología asociada a su saber hacer. Por lo que se ha dado la paradójica situación de que, teniendo un prestigio internacional enorme y unos profesionales muy competentes, hemos sido arrasados, sin ninguna acción política compensatoria, por la eficacia de la Administración inglesa, no solo a nivel técnico sino a nivel tecnológico. Francamente, denota una falta de interés en la tecnología española y la capacidad que tiene todo el sector, no solo los arquitectos.


  • En una entrevista reciente defendía “arquitecturas pasivas capaces de no consumir energía finita para ofrecer confort. (…) Afinar la intuición de la tradición con nuevos instrumentos”, ¿cree que la nueva arquitectura, tendente a la responsabilidad ecológica y económica, es fruto de una concienciación real o se debe a una situación puntual?

    No es una vuelta al pasado, sino una proyección hacia el futuro. Es evidente que ahora que conocemos los datos climatológicos de una enorme extensión del país, que prácticamente es todo, se puede ver que España podría ser pasiva prácticamente al 100%, en sus zonas de trabajo y en sus viviendas, y con pleno confort. Esto es un dato objetivo y científico por el que no podemos dejar de interesarnos. Ahora tenemos los parámetros que nos permiten proyectar, con unos conocimientos científicos básicos, una arquitectura mucho más avanzada, precisamente por integrar los problemas de forma, materia y energía en una única ecuación. Esto es una realidad. ¿Cuánto tardaremos en darnos cuenta? No lo sé. Hasta que todos los problemas de salud en el centro de las ciudades provocados por la polución, etc., exploten y seamos conscientes de que, por ejemplo, restaurar todo el patrimonio residencial que tenemos puede ser una oportunidad increíble para generar más salud, mejor vida, más calidad arquitectónica y funciones innovadoras de todo orden, que sirvan de ejemplo para muchos otros sitios del mundo. Esta no es una visión únicamente desde el punto de vista científico, sino que tiene implicaciones económicas, profesionales y de calidad de vida.


  • ¿Cómo ve el sector en España dentro de 10 años?

    Espero que decente. Si entendemos como sector el de la construcción, este se organizó muy bien, no como los arquitectos, y ahora está exportando a todo el mundo porque alcanzó una masa crítica y un tamaño que permitían exportar. Y nuestra maravillosa adaptación al medio local, con pequeños estudios que realmente nos han hecho felices durante muchos años, era excesiva. La especie que primero muere en un momento de cambio es la que mejor adaptada está a la situación anterior. Esto es lo que ha pasado con la forma de trabajar que teníamos en España.
    A lo mejor hay que aprender la lección en términos que no son ni tecnológicos ni comerciales, sino puramente de estrategia profesional, es decir: cómo ejercemos la disciplina, cómo controlamos las normativas que a veces se copian de contextos que no tienen mucho que ver. Debemos operar con unas estructuras que nos permitan exportar e importar, pero sobre todo que nos permitan operar globalmente. Hay que mirar a otros y hay que plantear qué enseñamos en las escuelas, cómo aprendemos a ser arquitectos.


  • ¿Qué consejo le daría a un arquitecto antes de salir al mundo laboral?

    Primero le diría que evalúe su riesgo y su perfil. Es decir, no se puede salir con inocencia al mercado, porque el mercado ya no existe, hay que crearlo. Y por lo tanto hay que ser capaces de generar, a través de la actividad cultural, de la actividad profesional y de todos los recursos que tiene un arquitecto, un perfil propio. Por ejemplo, en los últimos años han funcionado muy bien aquellos que se han especializado en algo tan esencial como el agua en las ciudades. Se han convertido en gente necesaria porque es un tema prioritario en este país. El agua no solo es fundamental en la agricultura, también lo es en el urbanismo, en las ciudades y la arquitectura y tiene además toda una poética, una tradición cultural y muchas formas de abordarse a muchas escalas. Es importante tener la capacidad de desarrollar en pocos años un conocimiento específico, que a la vez le dé al arquitecto joven una proyección universal. Una angulación que le permita diferenciarse.


  • Desde su experiencia en Harvard, ¿cree que la arquitectura cuenta con una estructura global o cada región tiene una u otra tendencia?

    Las dos cosas. Hay unos usos, prácticas, climas y culturas locales y también hay una clarísima globalización de las tipologías, de los problemas, de los sistemas de construcción. Por ejemplo, podemos decir que es muy diferente vivir en la India que en Japón o en Colombia, pero en todos estos países el apartamento de 60 metros cuadrados y dos dormitorios con un cuarto de baño y una cocina y quizás un aseo es la norma. Por lo tanto, depende de a qué escala miremos.


  • Frank Gehry, último Premio Príncipe de Asturias de las Artes, es una figura controvertida. Muchos opinan que sus obras pecan de excesivas en la forma y en lo económico ¿qué opinión le merecen estas críticas?

    Frank Gehry es indiscutiblemente un maestro universal. Si a Frank Gehry se le midiese por el valor que da con cada una de sus obras a los contextos donde se ubican la gente entendería cuánto vale la obra de Gehry en Bilbao, el centro de Los Ángeles con el auditorio o proyectar a Louis Vuitton como el nuevo mecenas del Renacimiento del siglo XXI en París. Me parece que es una absoluta falta de perspectiva y de respeto. Gehry además empezó con las casas de hojalata, una estética que se adapta a lo que quieras y que eran las casas más baratas que se hacían en Estados Unidos y las más bellas.