COMER BIEN NO ES IMPOSIBLE

Empezar una nueva dieta es uno de los propósitos de año nuevo más habituales. Sin embargo, más que embarcarse en dietas milagro que no suelen tener buenos resultados, lo más recomendable es aprender a comer, reeducar el organismo.

La mayoría de las personas que deciden ‘comer mejor’ como acto de voluntad se suelen encontrar con un mar de informaciones contradictorias que no hacen más que complicar la tarea. No saber qué debe o no comer y en qué cantidades acaba frustrando el intento y llevando a los viejos hábitos de descontrol alimenticio. Por esto, lo mejor es acudir a un especialista que nos recomiende cómo hacerlo y controle nuestro progreso. Con todo, hay una serie de principios básicos que debemos conocer.


Qué nutrientes necesita el cuerpo

Hay tres nutrientes presentes en la naturaleza: las proteínas, los carbohidratos y las grasas. Una alimentación sana pasa por combinarlos todos de forma adecuada. La correcta proporción que daría lugar a una dieta equilibrada sería la siguiente:

  • Entre un 15% y un 20% de los nutrientes deben ser proteínas. Cumplen una función de construcción y regeneración del tejido muscular y de transporte de otros nutrientes, entre ellos las grasas. Las encontramos en la carne, el pescado, los cereales, las legumbres y los frutos secos.
  • Entre un 25% y un 30% deben ser grasas. Estos nutrientes son empleados por el organismo fundamentalmente para producir energía. Aunque se deben evitar las grasas saturadas y transgénicas, presentes en los alimentos procesados, que son dañinas y peligrosas para el organismo.
  • Entre el 50% y el 60% deben ser hidratos de carbono. Al igual que las grasas, los carbohidratos son usados por el organismo principalmente para generar energía. Se consumen a través de las legumbres y los cereales. En menor grado, se encuentran en vegetales, verduras, semillas y frutos frescos.

Además de estos nutrientes, el cuerpo debe proveerse de vitaminas, minerales y fibra, que son necesarios para el correcto funcionamiento del cuerpo.


Cinco comidas al día

Ingerir alimentos entre las comidas principales es uno de los ‘secretos’ de la nutrición para mantener una alimentación saludable. La explicación es sencilla: al realizar medias mañanas y meriendas tenemos menos hambre en la comida y cena, menos ansiedad al comer y evitamos el picoteo. Así nuestro organismo se regula. Pero hay que hacerlo con los alimentos adecuados y manteniendo un horario fijo que se adapte a nuestra rutina.
Esto también nos permitirá introducir de manera más sencilla todos los nutrientes que necesitamos a lo largo del día, haciendo nuestra dieta más rica y equilibrada.


Alimentos frescos de temporada

Los alimentos enlatados, procesados, empaquetados, etc. han perdido gran cantidad de nutrientes, por lo que no nos aportarán lo que necesitamos y posiblemente contengan grasas nada recomendables. Una buena manera de asegurar la riqueza nutricional es consumiendo alimentos frescos de temporada. En el caso de las verduras, es una buena opción (aunque no siempre es posible) tener un huerto ecológico en casa.


Hidratación

La hidratación es fundamental para una correcta alimentación. Una ingesta insuficiente de agua provoca un mal funcionamiento renal e intestinal, por lo que es necesario beber mucha agua y evitar bebidas alcohólicas o azucaradas de forma habitual.


Una dieta por persona

No existen dietas generalizadas para todo el mundo, cada persona tiene unas necesidades de energía diferentes a las que tiene que adaptar sus hábitos. Los diferentes gustos, estilos de vidas, enfermedades o particularidades de cada uno van a marcar su alimentación. Para esto, lo mejor siempre es acudir a un nutricionista que elabore un régimen adecuado y vigile periódicamente que se está siguiendo correctamente y, en caso de no ser así, realice los cambios necesarios.

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