Casa ID y Taller Grau. Ames, A Coruña
Arquitectos: rellam / Andrea Gimeno, Lluis J. Liñán, Xevi Lluch
Fotos: Luis Díaz Díaz
La casa y taller de la artista Irene Grau se localizan en el fondo del valle que enmarca la aldea de Suevos, en el municipio de Ames. Rodeada de masas de árboles y a unos pasos del encuentro del río Tambre con Ponte Maceira, la parcela cuenta con una posición privilegiada pero esconde un secreto: el suelo no ofrece resistencias hasta que se alcanzan los cinco, seis o nueve metros, algo que obligaba a la ejecución de cimentaciones profundas.
Con un presupuesto ajustado y en un contexto de incertidumbre marcado por el incremento de precios en el sector de la construcción, este proyecto es el resultado de un largo proceso de reducción que ha pasado por tres versiones y licencias de edificación. El proyecto construido se apoya en dos movimientos principales. El primero, reducir a la mitad la superficie de la casa y del taller con respecto a las versiones anteriores. La segunda, resolver la cimentación con un sistema de pilotes metálicos roscados que evitaban la maquinaria pesada y reducían considerablemente su incidencia sobre el suelo, a cambio de una construcción que tenía que aligerarse. La ligereza, entendida tanto en términos de peso como de impacto sobre el entorno, está en la base de esta obra y constituye su directriz más importante.
El diseño de las dos piezas sigue esta directriz con la lógica de un sistema constructivo de bajo peso y mínimo impacto ambiental. Todos sus componentes son ligeros y están instalados en seco: pilotes roscados, vigas de soporte y subestructuras de madera laminada, paneles estructurales de madera contralaminada (CLT), aislamientos de corcho natural, suelos de tableros de viruta, carpinterías de madera de castaño, fachada de corcho y cubierta de zinc.
Estos elementos proponen una tectónica directa que se ha tratado de respetar al máximo, partiendo de la intuición de que la originalidad del proyecto se encontraba en exponerlos sin rodeos. Así, tanto la cimentación, como la estructura de soporte, la cubierta y la fachada se muestran en abierto y demuestran la capacidad de la madera y el corcho para adaptarse al entorno y aclimatar espacios sin necesidad de aditivos.Aunque la volumetría es idéntica en las dos edificaciones, los huecos y la altura sobre el firme varían para generar pequeñas diferencias. En el taller, además, el interior se reviste de paneles de yeso laminado para proveer a la clienta del espacio neutro que precisa su trabajo. Dada la similitud de las piezas, entrar en una o en otra supone experimentar dos modos distintos de integrar el entorno y transformar sus colores y atmósferas. Vistas desde fuera sucede algo similar: las pequeñas construcciones se relacionan con el entorno sin renunciar a transformarlo. Aunque la forma y la separación sobre el terreno las conectan con las arquitecturas vernáculas de Galicia, la composición de las fachadas y la disposición de los materiales las vinculan a una estética contemporánea y, sobre todo, a la responsabilidad de promover una arquitectura más respetuosa con el territorio y el medio ambiente.
Esta es seguramente la propuesta más relevante de la obra, o al menos su intención: reactivar materiales locales a través de sistemas contemporáneos para avanzar en la manera en que la arquitectura construye su propio contexto.