KRI es una plataforma que investiga estímulos arquitectónicos surgidos de la historia y del comportamiento humano. Su trabajo se sitúa entre la práctica proyectual y la reflexión crítica.
Los proyectos de KRI han sido premiados en concursos nacionales e internacionales como Europan 16 y 17, la Real Academia de España en Roma, el Matadero de Aranjuez o el Museo y Archivo Militar de Ceuta.
KRI compagina su actividad profesional con la docencia en la Universidad CEU San Pablo de Madrid.
¿Quiénes sois?
Somos KRI, un entorno que fluctúa entre los límites de la arquitectura y el arte. Entendemos la práctica como un marco abierto de cooperación en el que la autoría, la disciplina y la jerarquía son contingentes y reconfigurables en cada proyecto.
¿Quiénes componen el estudio?
KRI está compuesto por Gonzalo Peña y cuenta con la colaboración activa de Aranzazu Mier, historiadora del arte y conservadora en museos nacionales.
¿Qué tipo de trabajo realizáis?
El estudio tiene muchas patas, funciona como una estructura híbrida en la que convivimos con concursos, proyectos de comisariado, performances, actuaciones efímeras y trabajos de rehabilitación.
Pensamos que la forma de ejercer la arquitectura ha cambiado de manera significativa desde que salimos de la carrera. En nuestro caso, nos graduamos en 2015 y nos vimos obligados a salir del país ante la falta de oportunidades en ese momento. Desde una lectura deliberadamente positiva, nos interesa esta nueva configuración de la práctica arquitectónica, en la que los estudios jóvenes se ven forzados a salirse del monocultivo de una única actividad para activar distintos frentes de trabajo.
Esta condición, lejos de la dispersión, nos proporciona una visión más situada y real del mundo que nos rodea.
¿Cómo se desarrollan vuestros proyectos?
Dependiendo de las múltiples escalas y temporalidades, nos posicionamos desde una lectura crítica del contexto, identificando los condicionantes históricos, sociales y materiales que lo atraviesan, para luego, operar sobre ellos mediante desplazamientos, relecturas y ensamblajes.
Nos interesan los sistemas abiertos y las estrategias de negociación, por ello trabajamos incorporando capas de complejidad a los proyectos. El objetivo es construir relatos arquitectónicos relevantes que activen la participación del espectador.
¿Qué relación tienen vuestros proyectos con la salud y bienestar de las personas?
Defendemos que los arquitectos no pueden ser auto-referenciales ni permanecer ajenos a la sociedad en la que operan. En nuestros proyectos buscamos crear prototipos que nos acerquen de manera crítica a los retos climáticos y ecológicos que nos confrontan, entendiendo la salud y el bienestar como condiciones ampliadas que incluyen lo ambiental, lo térmico y lo relacional. En Craquelures dans le réel, Lausanne, trabajamos para desasfaltar el aparcamiento y mitigar el efecto isla de calor mediante un jardín de ruderales, proponiendo un nuevo ecosistema que nos aproxima a modelos alternativos de urbanismo. En Limina, la exposición que inauguramos en octubre en Chillida Leku, promovemos una desjerarquización en la relación entre humanos y animales, cuestionando modelos de convivencia y cuidado profundamente arraigados.
Consideramos que estos prototipos actúan como dispositivos de atención o manifiestos, capaces de activar al usuario y abrir el camino para, en un futuro cercano, abordar estas problemáticas desde otras escalas y grados de intensidad.
¿Qué recomendaciones darías a los que empiezan?
No nos sentimos empoderados para dar recomendaciones en un sentido normativo. Admiramos la manera de pensar, escuchar y trabajar de las generaciones más jóvenes, así como su capacidad para cuestionar marcos heredados y ensayar nuevas formas de práctica.
¿Creeis que CONECTA by hna ayuda a los jóvenes estudios difundiendo su trabajo?
Genera una proximidad necesaria y contribuye a construir una comunidad más accesible entre estudios jóvenes.