Foam Apartment. Madrid, España.
Arquitectos: Pedro Pitarch
Fotografías: Imagen Subliminal (Miguel de Guzmán y Rocío R. Rivas)
Foam Apartament plantea un desplazamiento consciente de la noción de domesticidad tradicional, entendida habitualmente como una taxonomía cerrada de habitaciones y funciones asociadas a descansar, comer o lavarse, hacia una concepción mucho más contemporánea que entiende la vivienda como un ensamblaje de objetos, dispositivos y sistemas heterogéneos en constante relación entre sí. Mientras que la domesticidad moderna se organizaba tradicionalmente mediante una separación programática estricta de usos, la domesticidad contemporánea que propone este proyecto se acerca mucho más a la lógica del concepto de espuma formulado por Peter Sloterdijk, que permite construir el hogar como una aglomeración de microesferas operativas, entendidas como campos de relación entre objetos, infraestructuras, afectos, cuerpos y tecnologías.
El proyecto constituye además un testeo directo de una línea de investigación propia del estudio en torno a la domesticidad definida desde los llamados objetos huéspedes, inscribiéndose en una serie de trabajos previos en los que se ha tratado de probar la disociación entre contenido y continente, sosteniendo que la geometría arquitectónica depende más de la necesidad o no de envolver con pieles, materiales o inmateriales, a una red de sistemas y grupos de objetos, que de la mera categorización de funciones capaces de imponer determinados modos de vida. En lugar de definir un tipo doméstico desde una configuración puramente funcional, el Apartamento Foam ofrece una estrategia proyectual que surge directamente desde las envolventes, es decir, desde las pieles arquitectónicas que contienen, hospedan y alojan a clusters de objetos, sistemas, tecnologías y procesos que necesitan convivir juntos para poder producir finalmente escenarios domésticos completos, dando forma a lo que el propio estudio denomina una domesticidad esponjada.
Cada burbuja de esta espuma doméstica se materializa a partir de dos condiciones simultáneas, una primera condición organizativa, vinculada a albergar los distintos aparatos domésticos necesarios para la alimentación, la higiene, el descanso, el ocio, la reproducción o la producción, y una segunda condición geométrica abstracta, resultado de deformar topológicamente la planta del edificio Torres Blancas, adyacente al apartamento, hasta generar una geometría completamente nueva cuyo resultado difiere sustancialmente de la traza original de Sáenz de Oíza, que actúa aquí simplemente como una herramienta de trabajo más, casi como un escalímetro topológico capaz de circunscribir a los objetos sin que su significado formal original condicione el resultado final. En lugar de producir una fachada urbana, esta operación origina un sistema doméstico completo, un software cuya forma no afecta al hardware, sino que se ajusta en su interior y se adapta a él como una espuma dentro de un recipiente, eliminando además la necesidad del ornamento, ya que la propia forma doméstica sustituye a la decoración, visibilizando directamente la forma de los objetos que contiene.
La materialidad del apartamento segrega claramente dos realidades bien diferenciadas, una interior a las burbujas y otra exterior a ellas. La piel de cada burbuja es abstracta y genérica, sin condición material propia, y su única cualidad es geométrica y morfológica, mientras que el interior es específico y consecuencia directa de los sistemas que hospeda, resuelto mediante un mortero mineral impermeable aplicado de forma continua en suelo, paredes y techos por igual. El exterior, en cambio, vinculado siempre al ocio y a la vida social compartida, se resuelve con tarima de madera en los suelos y falsos techos de panel comprimido de viruta acústica en su color crudo, que además aloja en su interior el propio sistema de iluminación del apartamento, reforzando así la dualidad entre lo íntimo y lo público que organiza el conjunto de la vivienda. Al margen de estas espumas domésticas, dos sistemas ajenos atraviesan por completo el espacio, la estructura metálica del edificio, cuya presencia se intensifica notablemente al lacarse en un intenso azul Delft, y las instalaciones verticales, reorganizadas dentro de una pareja de tubos insonorizados forrados de chapa de acero inoxidable que sustituyen a los antiguos patinillos y tabiques innecesarios de las zonas comunes originales de la vivienda.
En lugar de dividir el apartamento en habitaciones o piezas cerradas, la estructura arquitectónica de las pieles curvas define finalmente cuatro foams diferenciados. El foam alimenticio no solo contiene los objetos y sistemas propios de una cocina convencional, sino que materializa otros escenarios necesarios para la alimentación y sus consecuencias, plegándose y recortándose para definir una barra americana y un doble sistema de puertas correderas que reconfiguran el espacio. El foam higiénico reconfigura el aseo tradicional en una secuencia de objetos ordenados alrededor del patinillo de instalaciones, donde la lavadora se esculpe en su propia piel y la ducha se talla en un recoveco que genera un asiento. El foam de descanso incorpora el almacenamiento y el espacio de teletrabajo como aumentos del espesor geométrico de su perímetro, transformando la piel en armario, mesa o estantería según el punto del recorrido, mientras que el foam vacío reúne los lugares más públicos del apartamento, residuo de la posición de la entrada y de la terraza, definiendo espacios de oportunidad en el punto más indefinido de todo el conjunto.