Estudio Zurita es un estudio de arquitectura con sede en Sevilla, fundado y dirigido por Manuel Silva Zurita. El estudio trabaja en los ámbitos de la arquitectura, el interiorismo y el paisaje, con un enfoque en proyectos estrechamente vinculados al lugar y en diálogo cuidadoso con los contextos existentes —tanto físicos como humanos—, concibiendo la arquitectura como un proceso continuo más que como un objeto cerrado. Colabora de forma continuada con Ulrich Stockhaus en proyectos en Andalucía y en Suiza. Piedra y Agua fue el primer proyecto construido de Manuel Silva Zurita como arquitecto independiente, iniciado con 27 años tras tres años de práctica profesional en Suiza.
¿Quiénes sois? ¿Quiénes componen el estudio?
El estudio está dirigido por Manuel Silva Zurita desde Sevilla y funciona mediante una estructura abierta y colaborativa. Actualmente está formado por un equipo de cuatro personas que trabaja en estrecha relación con arquitectos, ingenieros, fotógrafos y otros especialistas según las necesidades de cada proyecto.
Tras tres años de experiencia profesional en Suiza, Manuel desarrolló una manera de entender la arquitectura marcada por la precisión constructiva y la atención a la expresión espacial.
El estudio se entiende como una realidad en permanente construcción, más interesada en el desarrollo progresivo de una práctica arquitectónica que en la definición de una identidad cerrada o definitiva.
¿Qué define a Estudio Zurita?
Nuestro trabajo se define por una búsqueda constante de esencialidad. Nos interesa una arquitectura capaz de conseguir mucho con muy pocos medios, donde las decisiones surjan de manera natural a partir del lugar, el clima, la construcción y las formas de habitar, más que de gestos formales o arbitrarios.
Entendemos la elegancia como la capacidad de una solución para responder simultáneamente a múltiples condicionantes de forma precisa y coherente. Igual que ocurre en la naturaleza o en ciertas arquitecturas tradicionales, nos interesa esa sensación de que nada sobra y nada falta.
Buscamos que los edificios expresen con claridad cómo se sostienen, cómo trabajan los materiales y cómo se relacionan con la gravedad, la luz o el paso del tiempo. Nos interesa una arquitectura con una presencia física intensa, capaz de transmitir una condición casi viva a través de la expresión honesta de sus equilibrios, tensiones y sistemas constructivos. También trabajamos mucho en la búsqueda de expresiones espaciales específicas a cada uso, generando relaciones concretas entre ellas.
Para nosotros, la belleza no es una cuestión estética superficial, sino la consecuencia de una coherencia profunda entre materia, estructura, uso y lugar. Frente a una cultura arquitectónica cada vez más orientada hacia la imagen, intentamos trabajar desde las relaciones, las proporciones, la construcción y la experiencia física del espacio.
¿A qué os dedicáis? ¿Qué tipo de trabajo realizáis?
Trabajamos principalmente en proyectos de arquitectura residencial, rehabilitación, interiorismo y paisaje, normalmente muy vinculados al contexto físico y humano donde se implantan.
Nos interesan especialmente los proyectos donde existe una relación intensa con lo preexistente, ya sea un paisaje, una ruina, una estructura existente o incluso una determinada forma de vida.
Últimamente estamos trabajando mucho en viviendas transgeneracionales, donde varias generaciones de una misma familia comparten espacios y formas de vida. Me interesa mucho esa idea de habitar más colectiva, donde no todo está completamente individualizado y aparecen gradientes de privacidad, espacios intermedios y relaciones más abiertas entre las personas.
Ahora estamos desarrollando una vivienda en un campo de olivos para dos núcleos de una misma familia donde intentamos preservar no solamente los árboles, sino también el espacio entre ellos. Nos interesa entender el paisaje no como una suma de objetos aislados, sino como una estructura de relaciones, vacíos y distancias.
¿Cómo se desarrollan vuestros proyectos?
Creo que nuestros proyectos se desarrollan más como conversaciones largas que como respuestas inmediatas. Intentamos entender muy bien qué es realmente importante en cada caso antes de empezar a tomar decisiones formales.
Muchas veces el proyecto aparece más por depuración que por acumulación. Nos interesa eliminar lo innecesario hasta que las cosas empiezan a encontrar cierta naturalidad.
También prestamos atención a cómo trabajan realmente los materiales y los sistemas constructivos. Me interesa que la estructura, la luz o la organización espacial se entiendan casi físicamente.
¿Qué destacarías de los últimos proyectos?
Piedra y Agua (realizado junto a Kalibra arquitectura) ha sido un proyecto muy importante para nosotros porque resume muchas de las ideas que venimos explorando: reutilización, economía de medios, relación física con el clima y una arquitectura del sur contemporánea sin recurrir al folklorismo.
El proyecto de observatorio de Riotinto trabajamos con una estructura de madera muy ligera apoyada sobre la roca. Para mí la elegancia del proyecto aparece precisamente cuando uno entiende intuitivamente cómo trabaja esa estructura. Las proporciones, los apoyos y los esfuerzos parecen responder de manera natural a las capacidades reales del material.
También destacaría recientemente el proyecto de Margaret de Arcos, en pleno centro de Sevilla. Fue una intervención muy sencilla pero muy intensa, donde prácticamente lo que hicimos fue recuperar el espacio original del local, y convertirlo en un espacio de artesanía sevillana y cultura. Con muy pocos recursos conseguimos devolver identidad y dignidad a un lugar que estaba completamente desvirtuado. Además está teniendo la capacidad de revitalizar un área del centro degradada y donde sólo existían tiendas de souvenirs para turistas.
Me interesa mucho esa idea de que a veces la arquitectura no consiste en añadir cosas, sino en identificar qué sobra.
¿Qué proyectos tenéis sobre la mesa hoy?
Ahora mismo trabajamos simultáneamente en proyectos muy distintos entre sí pero que comparten ciertas preocupaciones comunes.
Estamos desarrollando varias viviendas transgeneracionales, proyectos de rehabilitación (entre ellas una casa palacio en Écija, Sevilla), arquitectura vinculada al paisaje (el mirador de Riotinto), sistemas de prefabricación ecológica adaptados al clima del sur para hacer vivienda unifamiliar, proyectos de retail e incluso estamos trabajando en un proyecto en Perú.
¿Qué proyecto os gustaría hacer?
Me interesan mucho los proyectos capaces de transformar formas de vida y no solamente edificios.
Nos gustaría trabajar más en proyectos colectivos, espacios culturales, vivienda compartida. Realmente me interesa todo.
También me interesa mucho explorar nuevas formas de habitar menos individualistas y más abiertas, donde aparezcan gradientes de privacidad, relaciones entre generaciones y formas de convivencia más flexibles.
¿Qué relación tienen vuestros proyectos con la nueva materialidad?
No sé muy bien qué significa exactamente “nueva materialidad”, porque muchas veces los materiales se entienden hoy casi como imágenes o tendencias.
A mí me interesa trabajar los materiales desde una mirada bastante desprejuiciada, intentando entender su lógica propia, sus capacidades reales y su relación con el proyecto. Más que utilizar materiales por sus valores estéticos aislados, me interesa cómo contribuyen a construir una determinada atmósfera, una temperatura, una inercia o una experiencia espacial concreta.
Creo que un espacio verdaderamente bien proporcionado y bien pensado podría asumir casi cualquier material. La calidad espacial no depende únicamente de eso. Pero sí es cierto que suelo sentirme más cercano a materiales naturales, con masa, con cierta capacidad de envejecimiento y con propiedades térmicas o ecológicas que mejoran el confort y la relación física con el espacio.
También me interesa mucho la idea de expresión material. Cómo ciertos sistemas constructivos mantienen la memoria de otros anteriores, o cómo una pared de ladrillo puede tener casi la condición de un tejido. Creo que la arquitectura pierde intensidad cuando los materiales dejan de expresar algo y se convierten únicamente en revestimiento o imagen.
¿Qué relación tienen vuestros proyectos con la salud y bienestar de las personas?
Nos interesa mucho recuperar una relación física y sensible con el espacio.
Hoy vivimos en entornos completamente sobreclimatizados y desvinculados del exterior. Nosotros intentamos trabajar desde la luz natural, la sombra, la ventilación, la materia o las transiciones espaciales para generar arquitecturas más habitables y más humanas.
Más que buscar espacios hipercontrolados tecnológicamente, nos interesa crear lugares donde el cuerpo vuelva a percibir el paso del tiempo, la temperatura, el silencio o el cambio de la luz durante el día.
¿Cuáles son los mayores problemas a los que se enfrenta un estudio joven de arquitectura?
Aparte de los obvios, como cierta precariedad y desconocimiento del manejo empresarial de un estudio, creo que uno de los mayores problemas es la presión por construir una imagen de uno mismo, demasiado rápida y cerrada.
Muchas veces parece que un estudio tiene que parecer consolidado antes incluso de haber tenido tiempo para desarrollarse realmente. Muchas veces las cosas más interesantes aparecen precisamente durante el proceso de búsqueda.
También existe muchísima dificultad para dedicar tiempo profundo a los proyectos, especialmente en una profesión donde cada vez todo funciona más rápido.
¿Cuáles son vuestros referentes hoy y ayer?
Los referentes cambian continuamente, pero me interesan mucho arquitecturas donde existe una gran precisión y al mismo tiempo mucha naturalidad.
Arquitectos como Siza, Souto de Moura, Peter Zumthor, Märkli o ciertas posiciones de la arquitectura suiza han sido importantes para mí, especialmente en relación con la construcción, la atmósfera y la expresión espacial.
Pero también me interesa muchísimo la arquitectura popular y ciertos paisajes construidos del sur, donde las cosas responden directamente al clima, a la materia y a la vida cotidiana.
¿Qué recomendaciones darías a los que empiezan?
Creo que es importante cuidar las relaciones con la gente que te rodea, los colaboradores, algún profesor que haya significado algo para ti, los amigos. En esta profesión es importante plantar muchas semillas. No se sabe qué puede deparar el futuro y muchas veces un proyecto antiguo, una relación con un compañero de carrera de Erasmus de otra parte del mundo, o un encuentro fortuito en una situación ajena a la arquitectura puede traer proyectos y oportunidades interesantes. Mi proyecto fin de carrera me llevó a trabajar en Suiza y luego a realizar el proyecto del observatorio de Riotinto
También diría que es importante construir criterios propios y no trabajar solamente desde imágenes o tendencias. La arquitectura necesita tiempo, atención y cierta profundidad para desarrollarse de verdad.
Y probablemente también diría que conviene aprender a disfrutar de la incertidumbre. Porque al final hacer arquitectura consiste muchas veces en moverse continuamente entre lo que uno sabe y lo que todavía está intentando entender.